Reflexión 5

Es paradójico que, siendo la especie dominante del planeta, no seamos capaces de dominarnos a nosotros
mismos.
La mente, esa herramienta tan magnífica y extraordinaria —capaz de impulsarnos a evolucionar—, también
puede generar una versión distorsionada de la realidad: una en la que se apropia de tu ser, te suplanta y afirma
que tú eres ella.
Entonces pasas a identificarte con todo lo que la mente produce: lo que te gusta y lo que te disgusta, lo bueno y
lo malo, tus miedos, tus alegrías… Crees ser ese conjunto de pensamientos, emociones y reacciones.
Resulta insólito que una herramienta tan esencial funcione en términos tan extremos. Sin embargo, comprender
sus patrones requiere una evaluación consciente, y eso solo es posible desde la posición del observador.
La mente es una herramienta, y nada más. Debe activarse cuando es necesaria y aquietarse cuando no lo es.
A lo expuesto anteriormente se le conoce como ego, el falso yo o la mente egotista: una identidad construida
que no eres tú, sino algo que ocurre en ti.