
El ego, el esclavo del placer y el capricho rápido.
El Ser es dueño de la felicidad y la presencia imperecedera.
La suma de pequeñas galletitas que llenan de satisfacción rápida la mente con creaciones irreales convirtiendo en material hasta lo que carece de materia y sustancia alguna.
La felicidad es un estado no provocado por la mente; es una forma de vivir desde la conciencia más elevada y pura.
Es la manifestación natural del Ser basada en el amor incondicional y alejado de dogmas, creencias y filosofías.
El ego se centra en la gratificación inmediata y en los caprichos de la mente; busca crear una realidad efímera que da satisfacción pasajera pero no plenitud.
El Ser, en cambio, no depende de estímulos externos y sostiene una felicidad constante, profunda, basada en la presencia y la conciencia.
La verdadera felicidad surge desde adentro, desde un estado natural y libre de condicionamientos, dogmas o creencias, manifestándose como amor incondicional y serenidad.